divendres, 9 d’agost de 2013

CRONICA DEL RING DE BAYREUTH

Los Gibichungen-punks en Berlín

Cuando se acerca el fin del mundo, el Anillo -Trapero de Castorf ya no tiene importancia, ya no hay nada que sorprenda o enfade. No hay ningún Gimmick,  ningún efecto escandaloso o divertido en éste "Götterdämmerung" no utilizado ya en "Rheingold", "Walküre" o "Siegfried". Running Gags también cansan. Es más, durante casi cinco horas, el escenario cansa tanto como una función en un teatro pueblerino o de rutina teatral de la "Volksbühne" en Berlín, y parece que Castorf sólo recogió los pobres restos de sus ideas para aquel final. Al parecer, Richard Wagner ganó nuevamente la partida! Enhorabuena al homenajeado! Y un toque para el director de orquesta Kirill Petrenko y su orquesta del festival que sabían dar dulce vida a la música de Wagner, muy animado y sin ningún compromiso, con un retumbante esplendor y sonrisa a pesar de todas las advertencias en el escenario.
  Al final, después de caer el telón, ocurre algo. Frank Castorf se saca su última carta de la manga. Es la manga de su traje de domingos. La saca en el momento de tener que aparecer delante del telón, y Castorf  pone en escena su propia apariencia como un duelo de una película del Oeste,y como se tratara únicamente de quien iba a tener los nervios mejor templados. Quien sale muerto del terreno? Los enemigos están perfectamente preparados. El público iba armado de pitos. Castorf, disfrazado de Bourgeois informal con un traje de lino color claro á la Gustav Aschenbach, está rodeado por seis personas de su equipo : escenógrafo, la encargada del vestuario, el diseñador de luz, la gente de los vídeos, todos lucieron sus galas, recien planchados y con gel en los peinados, aparte del ayudante de escenografía, Patric Seibert, el comparsa incansable que hizo de empleado de la gasolinera, oso, barman, sparring, dueño de un chiringuito turco Dönner, al final vilmente atropellado por las hijas del Rhin en un coche-coupé Mercedes de Wotan. Ahora, el pobre mira desorientado en su ropa y jersey de producción ecológica, desmelenado y sucio de la sangre teatral. Está por ahí en el escenario con los otros y aguanta el tsunami de protesta.
Pero Castorf posa y sonríe y hace el chulo y siempre toca su cabeza para cortar el brazo al público ( " el pájaro " en Alemania ). La escena absurda tarda más de diez minutos, toda una nube de "pájaros" está volando. Petrenko y su orquesta, ya listos para recibir los aplausos en el escenario, todavía tienen que esperar detrás del telón. Y en éstos minutos se revela claramente lo que mantenía los fragmentos de ideas del Anillo de Castorf. Es el cinismo de uno que piensa estar en el lado correcto de la historia. Si el mito y los cuentos de hada, la historia y la sociedad, la música y la política ya sólo sirven de material de una máquina de construir provocaciones, el trabajo teatral se reduce a un ritual carente de sentido, pseudo-progresivo.
  Pero, al fin y al cabo, a la mejor sólo se trata del inicio de una maravillosa amistad? La tradición dinámica del comportamiento del público bayreuthiano al menos lo promete. El así llamado "Anillo-Centenario" de Patrice Chéreau fue principalmente saludado con pitos, luego querido y despedido con lágrimas. El "Anillo"-Chéreau sigue siendo paradigmático para cualquier escenografía del "Anillo", no importa si se trata de Bayreuth o dónde sea. Chéreau fue el primero que analizó la obra operística de cuatro partes con consecuencia desde su tiempo de orígen. Chéreau creyó un mundo ilustrado del cuento del "Anillo" lógicamente desglosado hasta el más mínimo detalle que corresponde a la iconografía de los años de gran expansión industrial en Alemania a partir de 1871 y que refleja también la industrialización y la crítca del capitalismo así como la filosofía y psicoanálisis. Desde entonces, el "Anillo" de Chéreau sigue siendo citado, desbaratado y variado. Hasta ahora, no fue superado.
La hasta ahora más forzada revisión del "Anillo"-Chéreau fue el trabajo de Castorf, si en éste caso realmente se trata de un trabajo. En lugar de analizar, Castorf prefiere no dedicarse al libreto y a la música. Castorf cambia el sentido por la apoteósis de la falta de sentido.  En su "Anillo" reina la iconografía, el compañero llamado casualidad, la citación filmada de recuerdos y la fantasía excesiva del escenógrafo. En "Götterdämmerung" hasta cita la escenógrafía de Christoph Schlingensief y su "Parsifal" de Bayreuth que aparece por algunos momentos en la pantalla.
La historia está situada nuevamente en Berlín, en un lugar sin definir. Esta vez, despúes del derribo del muro. El matrimonio CHRISTOS acaban de cubrir el parlamento de tela, poco después resulta ser la bolsa oficial de New York. Impressionantes muros cortafuegos pintorescos con ventanas tapiadas se levantan de restos de muro insinuados, Gibichungen-punks zampan bocadillos turcos Dönner, toman cerveza y se golpean con bates de béisbol. Las brujas-Nornen recogen fotos, velas, trapos y restos de huesos para su altar Voodoo y  tienden gallinas muertas en vez de la cuerda del destino. La pareja importante, Siegfried y Brünnhilde, juegan en familia en el caravan plateado que ya sirvió de caja fuerte de Nibelheim en el "Rheingold" y cocina tóxica de Mime en "Siegfried". Los operadores cámera de Andreas Deinerts equipo genial de videos siguen haciendo discretamente sus ejercicios por los bastidores y presentan los cantantes en formato grande cuando cantan.
El coro del festival, estudiado por Eberhard Friedrich, canta fenomenal. Hubo solistas wagnerianos impecables, es más, hasta excelentes: Franz-Josef Selig/ Hunding, Burkhard Ulrich/ Mime, Anja Kampe/ Sieglinde. Aparte de ello hubo retratos de papeles interesantes que rompieron con la convención: Wolfgang Koch y su versión de música de cámera para Wotan, Martin Winkler, un Alberich con timbre claro y ahogado, Catherine Foster, una Brünnhilde sensible, lígeramente nublada.
Al final, esa Brünnhilde permanece en el escenario como si fuese un monumento de si misma, vestida con un traje de herramienta dorada lúrex. Lamenta, retumba y centellea como las Brünnhildas suelen hacerlo siempre, centellean y retumban, disipado y maravilloso. La fantástica orquesta también se despide de ella, contradiciendola con el motivo instrumental del mayor milagro, la celebración del amor eterno. Y por última vez, la escenografía pega una patada a  la espalda de la música, con algo insignificante y totalmente absurdo: en la pantalla se puede ver una película de vacaciones con un Hagen gruñon que navega en un bote neumático por el lago berlinés Wannsee.

Metina Radach

Traducció del Frankfurter Allgemeine

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