diumenge, 4 de març de 2018

TRISTAN UND ISOLDE PETRIFICADO EN AMSTERDAM



A falta de pocos días de cambiarse a Aix-en-Provence, el intendente artístico Pierre Audi se arriesga en la Nederlandse Opera Amsterdam, su lugar de trabajo durante muchos años, a poner en escena la ópera wagneriana Tristan und Isolde en co-producción con el Théâtre des Champs-Élysées y el teatro dell´Opera di Roma.

La escenografía y los vestidos de Christoph Hetzer nos presenta un mundo agonizando . En el primer acto, la escena está dominada por fragmentos desmoronados de un buque gigante que van cambiando siempre de posición. En el segundo acto, grandísimas flores misteriosas con un crecimiento casi incontrolado y petrificado dominan el escenario. En el último acto ya sólo existe el desierto, la naturaleza está sin vida y notablemente muerta. No se trata de un más allá indefinido místico o una posibilidad a ello, sino del camino hacia un mundo sin perspectivas llena de artificialidad y muerte. La dirección lumínica muy bien adaptada de Jean Kalman respalda aquel desarrollo durante con un concepto ideado de un sistema de colores e iluminación, sobre todo en el inmenso horizonte panorámico, sin dejar la escena en la oscuridad. En la muerte por amor de Isolde la muestra como una figura cortada de papel; la luz fuerte y pálida la acompaña desde el trasfondo. Los vestidos de Christoph Hetzer recuerdan a elementos abstractos-míticos de un tiempo indefinido y sólo en algunos casos hacen referencia al origen o cargo social de las figuras.

La dirección de las personas parece estática por fuera y nunca permite que los protagonistas amantes ni siquiera se acerquen o se toquen sin poder evitar que ciertos gestos de los artistas se correspondan con movimientos muy tradicionales. La interpretación de Melot cómo un anciano malévolo tullido que traiciona a Tristan por envidia con toda su debilidad corporal e intelectual  y que finalmente  le mata con un cuchillo después de muchas ataques de agresión, asombra en nuestros tiempos de political correctness. La abstracción practicada de imágenes y dirección artística ofrece un ambiente mítico a imaginarse o no. 

Steven Gould como Tristan se encuentra en muy buenas condiciones vocales. Su timbre oscuro brillante y aterciopelado ilumina todo el largo tiempo de su rol. Gould canta con economía calculada y disciplinada lo que le permite hacer frente al exigente tercer acto. Su fraseo musical es inteligente y focusado al abismo de la línea vocal o a los agudos. La voz nunca le falla, la vocalización es perfecta. Desgraciadamente, Gould ganó aún más peso corporal que le agrava moverse y tumbarse con agilidad. Ricarda Merbeth ha trabajado mucho en una interpretación respetable del papel difícil de Isolde. Su voz no está libre de un vibrato más o menos notable. Los agudos le cuestan y no siempre salen sin quebradizos. Por desgracia no se la entiende en ningún momento pero la interpretación del famoso Liebestod sonó perfecto y bien estructurado. Michelle Breedt no logra contrastar con el carácter vocal de Isolde. A pesar de un notable bajón vocal en el segundo acto que indica los años que Breedt lleva cantando en el escenario, el rendimiento total de su interpretación artística y vocal sabían convencer. Ian Paterson como Kurwenal, Andrew Rees como Melot, Martin Piskorski en el rol del jóven marinero, Roger Smeets como timonel y Morschi Franz como pastor completaron más que satisfactoriamente el elenco. El único verdadero acontecimiento de la noche sin embargo fue Günther Groisböck en el papel del rey Marke: Con maravilloso timbre sonoro, el bajo austríaco presentó un retrato de papel de un rey triste que llora su suerte y su enorme tristeza sobre el cambio inexplicable de Tristan con extraordinaria solemnidad y belleza vocal.  El muy respetable coro de caballeros de la Nederlanse Opera redondearon la impresión vocal masculina muy positiva. 

La Nederlands Philharmonik Orkest es una orquesta de alta categoría. Su director de orquesta Marc Albrecht sin embargo pareció no haber encontrado la llave de acceso ni a la obra, ni a la puesta en escena y dirigió el primer acto de forma demasiado romántica y suave. La lectura del segundo y tercer acto fué de rutina y no provocó una piel de gallina. Hubo fuertes aplausos para el director de escena y todavía intendente del teatro Pierre Audi que salió a saludar con motivo de la Dernière.



fuente: Opera online

Metina Radach


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